
Inspirit nació de una de esas convicciones.
A fines de 2018, después de años acompañando procesos de agilidad, innovación y transformación en grandes organizaciones, Celeste Benavides comenzó a hacerse preguntas sobre la manera en que las empresas abordaban sus cambios.
¿Por qué tantas transformaciones comenzaban por las metodologías y no por las personas? ¿Qué pasaría si antes de implementar nuevas formas de trabajar nos detuviéramos a comprender qué moviliza a quienes tienen que hacerlas posibles? ¿Y si una consultora pudiera ayudar a sus clientes a descubrir qué necesitan realmente, incluso antes de comenzar un proyecto?
No se trataba de tener todas las respuestas. Se trataba de atreverse a tener conversaciones diferentes.
El 14 de febrero de 2019, Inspirit comenzó a operar.
Y con ella empezó una historia que, hasta hoy, sigue sorprendiéndonos.
Una empresa pequeña con conversaciones grandes
Al principio, Inspirit era una persona, algunas convicciones y muchas posibilidades por explorar.
Una de las primeras personas que creyó en el proyecto fue Ariel Jeria, dueño del actual Grupo REVO, quien junto a su socio Yerko Halat acompañaron a Celeste en la decisión de emprender y se convirtieron en su primer cliente, además de mentores.
También comenzaron a aparecer oportunidades que tenían su origen en algo que Celeste llevaba años haciendo: compartir conocimiento.
Personas que habían participado en una charla, un taller o una formación volvían meses después con un desafío organizacional. A veces había pasado tanto tiempo que ni siquiera recordábamos aquella conversación inicial, pero ellas sí.
Una de esas oportunidades llegó a finales de 2019, cuando una empresa de consumo masivo nos convocó para facilitar procesos de descubrimiento de productos.
La solicitud inicial contemplaba sesiones de unas pocas horas. Nuestra propuesta fue bastante diferente: siete días de trabajo intensivo, con tomadores de decisiones, equipos multidisciplinarios, investigación y contacto con clientes.
Nos dijeron que sí.
En cuatro meses acompañamos el descubrimiento de seis productos. La experiencia comenzó a despertar interés en otras marcas de la compañía y permitió incorporar a la primera persona que se sumó al equipo.
Fue uno de nuestros primeros aprendizajes empresariales: a veces, la oportunidad no está en responder exactamente lo que te piden, sino en construir juntos una comprensión diferente de lo que es posible.
Aprender, compartir y cruzar fronteras
Desde sus primeros años, Inspirit comenzó a construir vínculos con comunidades y organizaciones internacionales.
Nuestra colaboración con QA Ltd, una de las principales empresas de formación corporativa del Reino Unido, nos permitió acompañar programas para una multinacional de consumo masivo en distintos países de Latinoamérica. Trabajamos presencialmente en Chile, Argentina, Colombia y México, y más adelante ampliamos nuestro alcance a través de experiencias remotas.
A través de las certificaciones internacionales de International Certification Alliance (ICA), anteriormente conocida como ICAgile, y de la relación con Susana Esparza, conectamos con profesionales de toda Latinoamérica, España y otros mercados.
Las conferencias, comunidades de práctica y espacios de aprendizaje fueron mucho más que lugares donde compartir herramientas. Nos permitieron escuchar otras realidades, cuestionar nuestras propias certezas y reconocer hacia dónde estaba evolucionando nuestra profesión.
Con el tiempo, ese trabajo se tradujo en una trayectoria de más de 7.000 personas formadas y más de 50 organizaciones acompañadas, en industrias como banca, consumo masivo, telecomunicaciones, retail, seguros y agroindustria, con experiencias en Chile, Argentina, Colombia, México, Perú, Panamá y otros mercados.
Entre esas experiencias estuvieron programas de transformación de gran escala: uno que alcanzó aproximadamente a 1.500 personas durante cerca de un año y medio, y otro que acompañó a alrededor de 900 líderes y profesionales de una institución bancaria en seis meses.
Pero los números cuentan solo una parte.
También nos importa lo que ocurrió después: equipos que desarrollaron nuevas capacidades, líderes que comenzaron a mirar sus desafíos de otra manera y organizaciones que volvieron a confiar en nosotros para acompañar nuevas etapas.
Siempre hemos creído que una buena consultoría no debería generar dependencia. Nuestro trabajo consiste en desarrollar capacidades, compartir herramientas y acompañar a las organizaciones para que puedan continuar por sí mismas.
Paradójicamente, esa forma de trabajar nos ha permitido construir relaciones duraderas.
Porque cuando un desafío termina, la confianza puede abrir la puerta al siguiente.
Recorrido
Fines de 2018
Nace la pregunta
14 de febrero de 2019
Inspirit comienza a operar
Fines de 2019
6 productos descubiertos en 4 meses
Programas en Latinoamérica junto a QA
Certificaciones internacionales ICA
Programas de ~1.500 personas y ~900 líderes
Culturesee, Human Systems Dynamics y Nurturing Choicefulness
Hoy
Una red de profesionales y Oráculo
Una comunidad que nadie había planificado
Mientras los proyectos crecían, algo más comenzó a tomar forma.
Inspirit dejó de ser solamente una consultora que reunía profesionales para realizar intervenciones. Se convirtió en un espacio donde las personas disfrutaban trabajar juntas, aprendían unas de otras, se desafiaban y construían vínculos de confianza.
En ese recorrido, Evelyn Carvajal ha tenido un papel especialmente importante. Como directora comercial y compañera de camino, ha contribuido a construir relaciones de confianza con nuestros clientes, abrir nuevas oportunidades y acompañar la evolución de Inspirit a lo largo de distintas etapas.
También han sido parte de esta historia profesionales como Valentina Navarrete, Rox Muñoz, Deiby Ordoñez, Camila Araya, Camila Cortez, Lucas López Dávalos, Carolina Burgos y muchas otras personas que aportaron conocimientos, experiencias y maneras diferentes de comprender nuestro trabajo.
Algunas siguen vinculadas a Inspirit. Otras han continuado sus propios caminos.
Todas forman parte, de distintas maneras, de lo que hemos construido.
Esa comunidad no nació de un programa de cultura organizacional ni de una declaración de valores escrita en una pared. Fue apareciendo en la manera de trabajar, en las conversaciones, en los aprendizajes compartidos y en el cuidado que las personas desarrollaron unas por otras.
Y también fue puesta a prueba.
Lo que descubrimos cuando las cosas se pusieron difíciles
La historia de Inspirit no ha sido una sucesión de proyectos exitosos.
Hemos tenido períodos de crecimiento y otros en los que sostener la empresa no fue fácil. Hemos tenido que revisar decisiones, cambiar estructuras y despedirnos de formas de trabajar que durante mucho tiempo consideramos esenciales.
En uno de esos momentos, cuando la continuidad de Inspirit se vio en juego, ocurrió algo que todavía nos emociona recordar y de lo que aprendimos un montón.
Las personas que formaban parte del equipo no se comportaron únicamente como profesionales vinculados por un contrato. Se reconocieron como parte de algo que querían preservar.
No siempre pudimos preservar su estructura. En una transición posterior tuvimos que cerrar etapas y reconfigurar un equipo con quienes habíamos construido relaciones muy significativas.
Pero aprendimos que aquello que hace valiosa a una organización no reside solamente en sus contratos, sus cargos o su organigrama.
También vive en las relaciones, en las capacidades que desarrollamos juntos y en lo que las personas siguen haciendo posible, incluso cuando sus caminos toman direcciones diferentes.
A veces, cuidar lo que construimos significa permitir que cambie de forma.
Esa ha sido una de las lecciones más importantes de nuestra propia historia.
De acompañar cambios a comprender cómo navegar -y prosperar en- la complejidad
A medida que evolucionaban nuestros clientes, también evolucionaban las preguntas que nos hacían.
Seguimos acompañando transformaciones ágiles, desarrollo de productos y nuevas formas de trabajo. Pero comenzaron a convocarnos también para desafíos más amplios: cultura, liderazgo, estrategia, colaboración, decisiones difíciles y transformación organizacional.
A veces los clientes llegaban con una necesidad perfectamente definida. Otras veces nos decían, en esencia: sabemos que pueden ayudarnos, pero necesitamos descubrir juntos cómo.
Eso nos llevó a profundizar nuestra práctica y a ampliar las perspectivas desde las que comprendíamos las organizaciones.
El encuentro con Mónica León y su trabajo en Nurturing Choicefulness nos acercó a nuevas maneras de acompañar el desarrollo de capacidades adaptativas en personas, equipos y organizaciones.
El aprendizaje con Glenda Eoyang, fundadora de Human Systems Dynamics, y la formación en este enfoque —hoy articulado internacionalmente a través de Human Systems Dynamics Global— nos permitió incorporar herramientas para reconocer patrones, comprender sistemas humanos complejos y actuar en condiciones de incertidumbre.
La colaboración con Aldo Ilardi y la formación del equipo en Culturesee agregaron una dimensión especialmente valiosa: la posibilidad de observar y analizar patrones culturales para comprender mejor las tensiones, las motivaciones y las distintas respuestas al cambio que conviven dentro de una organización.
Cada una de estas experiencias amplió nuestras preguntas y nuestras capacidades.
No dejamos atrás la agilidad. Aprendimos a integrarla dentro de una comprensión más amplia de cómo evolucionan las organizaciones.
Porque transformar no consiste únicamente en cambiar comportamientos o adoptar nuevas metodologías. También implica comprender las condiciones, las relaciones y las dinámicas que hacen que algunos cambios prosperen y otros encuentren resistencia.
Aprender a ser la organización que queríamos ayudar a construir
Durante mucho tiempo pensamos Inspirit desde una estructura relativamente tradicional.
Pero las personas comenzaron a imaginar otras maneras de vivir, trabajar, emprender y colaborar. Y nosotros también.
Valentina Navarrete ha sido una de las personas que nos ayudó a comprender que evolucionar también significa imaginar nuevas maneras de seguir construyendo juntos. Su camino profesional, sus inquietudes y su deseo de explorar otras formas de trabajar nos invitaron a hacernos una pregunta que terminó siendo mucho más grande que una decisión individual: ¿cómo podemos seguir compartiendo un propósito sin necesitar que nuestros caminos sean idénticos? Esa conversación abrió una manera diferente de comprender la colaboración, donde acompañar los sueños de otros no significa renunciar a los propios, sino descubrir nuevas formas de hacerlos encontrarse.
La evolución de nuestra propia organización nos llevó a cuestionar la idea de que una comunidad necesita mantenerse unida bajo una misma forma contractual.
Aprendimos que las relaciones profesionales pueden transformarse sin desaparecer, que las capacidades pueden organizarse de maneras diferentes y que una red puede conservar su identidad mientras cambia su configuración.
Hoy Inspirit es una red de profesionales que comparte una forma de acompañar a las organizaciones, integrando experiencias, disciplinas y perspectivas diversas.
Seguimos aprendiendo a construir una organización que pueda adaptarse al mundo en el que trabaja, no solamente recomendarles a otros que lo hagan.
El futuro todavía tiene mucho por enseñarnos
Nuestra historia continúa evolucionando.
Hoy combinamos facilitación, acompañamiento ejecutivo, desarrollo de capacidades, diagnóstico cultural, pensamiento sistémico e inteligencia artificial para ayudar a las organizaciones a comprender mejor sus desafíos.
También estamos desarrollando nuevas herramientas, como Oráculo, un motor de apoyo a decisiones que transforma evidencia cultural y organizacional en hipótesis para diseñar, evaluar y adaptar intervenciones.
Es una nueva expresión de algo que ha estado presente desde nuestros primeros días: la convicción de que las buenas decisiones comienzan por comprender mejor la realidad que queremos transformar.
No sabemos exactamente qué forma tendrá Inspirit dentro de cinco años.
Tenemos aspiraciones, proyectos y muchas ideas sobre lo que queremos hacer posible. Queremos llegar a más personas, contribuir a mejorar sus vidas y seguir acompañando a organizaciones que desean evolucionar.
Pero también esperamos sorprendernos.
Sorprendernos con las personas que encontraremos, las preguntas que todavía no sabemos formular y las posibilidades que abrirán las decisiones que estamos tomando hoy.
Porque si algo nos ha enseñado esta historia es que evolucionar no significa llegar a una forma definitiva, sino mantener viva la capacidad de seguir transformándonos.
Los cambios no son fáciles.
Pero pueden ser facilitados.
Y esa sigue siendo nuestra convicción.









